• Lourdes Sanz Moguel

¿Por qué siento angustia y cómo la sobrellevo?


Llamamos angustia a esos momentos en que la ansiedad que sentimos frente a una determinada situación, nos desborda.


La angustia se manifiesta no solamente como un sentimiento inquietante sino incluso toma la forma de malestar físico: falta el aire, hay mareo, incluso despersonalización, esa sensación de no ser yo, sentirse enajenado, como fuera de sí.


¿Qué es lo que detona mi angustia?



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Jaques Lacan nos enseña que la angustia está vinculada con las expectativas que yo percibo que las otras personas tienen sobre mí.


Se trata de un cuestionamiento propio en torno a mí mismx; un juicio de valor; una validación; corroborar si soy dignx de la aprobación de los demás, su reconocimiento, su aceptación y su cariño; si en realidad lo merezco.


Al preguntarme ¿qué soy para el Otro? automáticamente me abro frente a ese Otro y cuestiono mi propio ser, y con ello queda abierta la posibilidad de la falla, de lo qué me falta para ser “quien debo ser”.


¿De dónde viene esa convicción?


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Este sentimiento proviene de una etapa de vida muy temprana, cuando, en la infancia, la persona se sabe dependiente completamente de sus padres o las personas que le cuidan.


Las personas somos particularmente vulnerables durante los primeros años de vida. A diferencia de los animales, los seres humanos carecemos de instintos que nos permitan dirigir nuestra acción. El bebé humano no solamente no puede hacerse cargo de sí mismo, sino que sólo sobrevive en la medida en que otro ser humano le brinde cuidados, le enseñe, más aún, le ayude a descubrir quién es, qué siente, qué le gusta, cuáles son sus aciertos y errores, qué lo hace ser el o ella mismx.


¿Cómo se vive la angustia?



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La angustia se vive como una sensación de impotencia, quejas contra mi propia persona por no poder llevar a cabo cierta tarea, encontrarme bajo la presión de una tarea imposible que, de no realizarse, me deja en un estado grave de vulnerabilidad, se percibe, como un peligro grave.


La angustia también se vive con ira. Enoja de sobremanera sentirse atropelladx por ese Otro que demanda perfección, persigue y castiga despiadadamente al tiempo que carece de empatía, no me otorga un lugar, no me ve a mí, sólo exige desde su propia visión, ese Otro, con su deseo exigente, me anula a mí.


La situación se hace más compleja cuando no sólo me someto a lo que creo que el Otro quiere de mí, sino que me lo exijo a mí mismx y acabo siendo igual o mucho más cruel yo conmigo mismx.


La angustia se agrava, no por la ausencia del Otro, si por su demasiada presencia, por la exigencia de dejar de ser yo, para convertirme en lo que ese Otro quiere de mí. Sentir que me diluyo en el Deseo del Otro.


¿Qué hago para modificar mi angustia?



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Cada persona es única e irrepetible, por tanto, no hay tratamientos o recetas estandarizadas, conocer mi angustia, lo que la provoca y entenderla en el contexto de mi propia persona es tarea individual.


El proceso psicoanalítico facilita la identificación, concreta, de aquellos factores que detonan y provocan estados de ansiedad y angustia a cada persona. Será necesario también encontrar en mi interior, mi propio ser, mi propio deseo, dejar ir la consigna de complacer al Otro que desde mi interior me reprueba y me exige perfección inalcanzable, y definir mi propia posición con respecto a mí mismx.