• Clara López

¿Por qué no funciona mi pareja?

Actualizado: jul 20

En las últimas décadas, hemos visto la aparición de diferentes formas de vivir la vida en pareja. Ante el abanico de posibilidades abierto, surge la tendencia de catalogar algunas formas como mejores, otras como retrógradas, unas como más apegadas a la Naturaleza de las persona. ¿Cuál es la verdadera, buena y que más felices nos hará?


¿Qué significa pareja (o relación afectiva íntima-romántica)?


La pregunta sobre la pareja ocupa una posición fundamental en la mente de prácticamente (o absolutamente) todas las personas, desde definir nuestra orientación sexual, hasta determinar si una relación formal es parte de nuestros planes de vida.


Además de preguntarnos para tomar una posición en nuestra vida, el tema del amor como sentimiento, como vivencia, como sensación, nos llama porque en su núcleo tiene un enigma, un misterio indescifrable, que a la vez que le hace fascinante, también hace imposible definirlo o entenderlo en su totalidad. No es casualidad que tanto del arte gire en torno al amor.


Hace algunas décadas, en la tradición judeocristiana, el enigma del ser pareja se buscaba delimitar a relación exclusiva y formal con otra persona (usualmente un hombre y una mujer) para tener hijxs. Por supuesto, la realidad ni se agotaba, ni se alineaba a esta definición y comúnmente uno y otro miembro de la pareja eran pillados con amantes a escondidas (o en lo abierto).


¿Eso significa que es imposible mantener una relación monógama exclusiva? En lo más mínimo. Implica tan solo que ni ésta, ni otras formas de pareja, erradican el enigma que permanece en el núcleo del amar y tampoco satisfacen el anhelo que mueve a la pareja, como veremos.


Actualmente, la gama de parejas aceptadas es más flexible, con más frecuencia se habla de parejas abiertas o de poliamor, además de incluir la posibilidad de formar pareja con personas de uno u otro género, sea abierta o exclusiva.


Donde antes se tomaban razones religiosas para justificar la monogamia, ahora algunos toman a la Naturaleza como argumento contra relaciones exclusivas. Se dice que no es realista, aluden a comportamientos de otros primates y se concluye que forzar a un compromiso exclusivo es la fuente del malestar que provoca el amor; casi un castigo por ir en contra de las leyes naturales, como si éstas ofrecieran respuestas absolutas sobre el individuo.


¿Son éstas mejores que la otra? No necesariamente, no para todos. Desde el psicoanálisis, partimos de que las personas (por estar desnaturalizados) no tenemos instinto, sino pulsiones. En este sentido, el papel de la Naturaleza no es tan determinante como el de nuestro entorno y como el del lenguaje. En la explicación del enigma pareja/amor tampoco es suficiente aludir a una explicación biológica porque, a pesar de ella, sigue quedando un resto de misterio y un resto de realidad ¿cómo sería entonces que han existido parejas monógamas?


Mi pareja, mi todo


Sea abierta, sea exclusiva, sea con una o con varias personas, el otro factor que se juega no solo es con quién, cómo y por cuánto tiempo, sino también para qué. ¿Qué es lo que se quiere de una pareja?


Una concepción muy común y que sigue vigente de lo que será una pareja afectiva (para diferenciarla de las parejas que son solo sexuales), es que se convertirá en un todo: esa(s) persona(s) estará(n) ahí en los momentos difíciles, en los buenos, cuando enferme, cuando esté sanx, cuando tenga éxito y fracasos, cuando tenga proyectos, cuando requiera apoyo. En suma, esa pareja(s) satisfarán en su totalidad una necesidad: la de ser amadxs.


Al inicio de cualquier relación es fácil cazar este ideal con la persona nueva con quien salimos. Al paso del tiempo, empiezan a aparecer las primeras discrepancias entre la persona y la fantasía, caemos en cuenta de todo lo que no es aquella persona y, peor aún, que no es capaz de satisfacernos.


Si es una relación exclusiva ¿será que una relación abierta sea la respuesta? Si es poliamorosa ¿será que me sentiría mejor con una exclusiva? Algo de esa(s) pareja(s) no cumplen con su propósito: serlo todo. Ante este fallo, es necesario hacer un cambio: o buscar otra forma de relación o reclamarle a esa(s) pareja(s) que me están fallando -asumiendo que es responsabilidad/causa de alguien más.


Entonces ¿cómo elegir o construir la pareja ideal?


El primer y principal punto de partida es unx mismx ¿qué quiero yo de una pareja? ¿cómo la quiero? ¿qué espero? No hay una respuesta única, universal y permanente. Cada persona experimenta una realidad diferente con cada pareja que forma; más aún, la misma pareja irá cambiando con el paso del tiempo.


Además de eso, es importante tener en cuenta un factor: algo siempre quedará insatisfecho. Esto no es culpa del otro o de unx mismx, tampoco se solucionará con varias o una relación afectiva, porque alude a una parte fundamental de nuestra psique, del ser humano y, por consecuente, del amor mismo -ese enigma, ese algo que no se llena que siempre está ahí.


Al no ser posible eliminar ese porcentaje de insatisfacción, se trata de preguntarse y construir una pareja desde otra posición, no esperando que sea(n) todo, sino algo que responda a otros anhelos, deseos y proyectos que cada quien tiene. Es importante despojarnos de la idea de que hay un modelo de formar pareja que nos dará la plenitud, en lugar de eso hay que saber qué queremos y aprender a sostenerlo.


Para construir pareja es muy importante analizar siempre lo que se está jugando, tanto aquello que conscientemente queremos como (y más importante) aquello que desde el inconsciente nos mueve, incluso a situaciones que pareciéramos no querer.

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