• Lourdes Sanz Moguel

Pareja: ¿amor? ¿dependencia? ¿lucha de poder?

Las relaciones de pareja involucran el encuentro de dos personas que son, cada una en sí misma, un universo: de experiencias, historia familiar y personal, tradiciones, valores, sentimientos, anhelos, temores, expectativas.


Cómo buscamos pareja


Varios elementos intervienen cuando buscamos tener una pareja: las costumbres y tradiciones, la publicidad, los estereotipos de lo que la pareja debe ser, los mitos de la media naranja, las tradiciones religiosas o ideológicas, la relación de la pareja parental.


Las tradiciones, costumbres, estereotipos señalan una serie de supuestos que no ocurren en la realidad y que en realidad acaban solamente entorpeciendo la construcción de la relación, ya de por sí compleja.


Los valores y experiencias familiares moldean el aprendizaje y forma de vincularnos con otras personas, en particular, la relación de la pareja parental se convierte en una guía para el establecimiento de la propia relación de pareja, lo que sí deseo repetir, lo que no deseo repetir y aquello que inevitablemente repito, con intención o sin ella, por haberlo asimilado de manera inconsciente como un patrón.


Las relaciones de pareja inician cuando se da una afinidad entre dos personas. La atracción en su inicio normalmente es física, encontramos a la otra persona agradable en su aspecto, y también nos atraen otras características: sus modales, simpatía, inteligencia, etc.


Enamoramiento


Al iniciar los primeros encuentros entre dos personas que sienten atracción entre ellas, ambas personas presentan lo mejor de sí mismas y suelen ser complacientes con la otra persona. Al mismo tiempo surgen muchas fantasías en torno a esa persona sobre cómo la persona es y se idealización algunas de sus cualidades.


Ocurre también que no nos damos la oportunidad de mirar aspectos desagradables de esa persona o simplemente los pasamos por alto como cuestiones sin importancia. Esta primera etapa de la relación de pareja es el enamoramiento. Importante enfatizar que durante el enamoramiento estamos embelesados con lo que creemos y queremos que la otra persona sea, enfocándonos en presentar nuestra mejor cara para que la otra persona también se enamore, y al hacer esto se da una combinación entre actuar lo que no somos -la otra persona hace lo mismo- y estar en una especie de ceguera en torno a lo que la persona realmente es.


En algunas ocasiones, durante la etapa de enamoramiento, sobretodo cuando atravesamos momentos de soledad o estamos reajustando cosas en nuestra vida, sentimos una necesidad apremiante de que la otra persona permanezca a nuestro lado siempre. Convertimos a nuestra pareja en una especie de “todo” y depositamos en ella nuestras necesidades: de amor, de protección, de resolución de problemas, de esparcimiento, de conversación, de satisfacción personal y todo tipo de logros.


Se visualiza a la pareja como quien puede responder a todo esto, es decir le asignamos esa responsabilidad, más aún convertimos esa responsabilidad en una especie de obligación de la pareja, obligación derivada del amor que se le da, la entrega de mi persona y la reciprocidad exigida a cambio. Es en estos momentos cuando convertimos nuestra relación de pareja en una relación de dependencia. Nos atamos a nuestra pareja y nos subordinamos a ella a la vez que exigimos la misma reacción por parte de ella.


Dependencia o codependencia


La dependencia se da cuando nosotros asumimos esa posición. Se convierte en codependencia, cuando también nuestra pareja deposita en nosotros la responsabilidad por su persona, sea en forma parcial o total.


La dependencia o codependencia remite a una lucha de poder entre las dos personas que conforman la pareja, porque se renuncia a muchas cosas propias para atender las necesidades de la otra persona y se espera que la otra persona renuncie a otras tantas para atender mis necesidades, queremos reciprocidad. Las renuncias provocan enojo porque me disminuyen, no me permiten ser yo misma(o) y se eso se le “cobra” a la pareja por ejemplo: “dejé de salir con mis amigos para estar contigo… y me sales con que…” Se van generando demandas, reclamos, rencores, y las discusiones se convierten en batallas en donde siempre hay un perdedor y un ganador y ninguna de las dos personas quiere ser la que pierda.


Esta posición de colocar la responsabilidad de la propia persona y felicidad en la pareja es una posición imposible para ambos miembros de la pareja, no tiene salida.


Compartir la vida como proyecto


Para que una relación de pareja pueda tener posibilidades de serlo, se necesita que cada una de las personas que la conforman se haga cargo de sí misma, en todos los aspectos.


La relación de pareja no es para que la otra persona me dé lo que yo no tengo sino para compartir el camino de la vida. Se requiere que se esté a la par, no una persona subordinada a la otra persona. Se necesita que ambas personas decidan tener un proyecto de vida juntos, que no implique abandonar el proyecto personal, sino que lo fortalezca pero que sea algo que es igualmente importante para ambas personas.


El amor, para que pueda darse, requiere partir de la presentación auténtica de cada uno de los miembros de la pareja. Una vez que se conoce a la persona el segundo paso es aceptarle, así como es, olvidar la fantasía de “eso puede cambiarlo”, porque esperar que cambie la persona es no aceptarle. Una vez que ocurren estas dos cosas entonces puede darse el cariño y más adelante el amor basado en la realidad de lo que ambas personas son.