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  • Foto del escritorLourdes Sanz Moguel

"No me siento suficiente"

El miedo a “no sentirse suficiente” es un síntoma muy propio de nuestro tiempo. Su origen se encuentra en ciertos aprendizajes durante la infancia ligado al reconocimiento por parte de nuestros padres.


En la infancia y adolescencia se refuerza también la competencia con y la insistencia a ser mejor que otros. En la vida adulta, este sentimiento se refuerza cuando la competencia se fomenta y el imperativo de ganar se reitera en prácticamente todos los ámbitos cotidianos.


¿Por qué surge el miedo a no ser suficiente?


Cuando somos bebés necesitamos aprender desde lo más elemental como comer, dormir hasta cosas más necesarias para la vida como, quiénes somos, qué sentimos, cómo relacionarnos con las demás personas.


Concluimos también que para ser aceptados, amados y protegidos es importante obedecer a nuestros padres y que el “mantenerles contentos” trae consigo muchos beneficios.


Para el pequeño o pequeña, complacer a sus padres, ganar su atención y su amor es lo más importante, por eso se esforzará constantemente por ser una buena niña o un buen niño. Con el tiempo y la experiencia vivida, vamos convirtiendo esa decisión de dar gusto a los demás en una exigencia hacia nosotros mismos.


Conforme pasamos a la adolescencia y la vida adulta, cumplir las expectativas que otros tienen de nosotros, se convierte en la vía de aceptación, y de pertenencia a los grupos sociales, constituye pues una forma de seguridad, aprendemos a vivir atentos a lo que los demás esperan.


Perfeccionismo


En algunos casos, en particular cuando los padres suelen ser muy demandantes, o si hay otros miembros de la familia con quienes haya que competir por su atención, la auto exigencia se agudiza.


Esta exigencia hacia mí mismo se extiende, va más allá de cumplir con lo que me piden, no sólo es hacerlo, sino hacerlo mejor que nadie, hacerlo sin errores, se convierte en una demanda de perfección.


Cuando esto ocurre, requiere tanta concentración y esfuerzo, que conlleva, las más de las veces, una renuncia paulatina al propio deseo, incluso al propio ser.


Los errores e imperfecciones se convierten en señales de peligro que ponen en riesgo la pertenencia, la posibilidad de aceptación, reconocimiento, admiración, amor.


Competencia


En la medida en que el riesgo de rechazo o exclusión se hace presente, el sentimiento de “no merecer” se incrementa y nos esforzamos más. Igualmente comenzamos a mirar a las demás personas a quienes percibimos como exitosas y comenzamos a compararnos, buscando encontrar en nosotros sus cualidades o bien copiarlas para poder recibir la aceptación de los demás.


La comparación trae siempre un resultado desventajoso porque encontraremos personas mejores o peores que nosotros mismos en cualquier ámbito que nos comparemos.


Ira – culpa – auto rechazo


Al compararnos con otros, si resultamos “perdedores” se acentúa el sentimiento de “no merecer”, pero si resultamos “ganadores” nos indigna no recibir la preferencia, reconocimiento o amor que merecemos, por parte de los demás.


El miedo al rechazo o a la indiferencia, pone en peligro el valor que nos damos a nosotros mismos, sea porque estamos convencidos de no estar respondiendo a las expectativas de los otros, o porque el dolor del rechazo se vincula a la ira.


Cuando esto ocurre, tememos herir a las personas amadas, por tanto, damos un giro y vertimos nuestra ira en nosotros mismos, nos sentimos culpables y por tanto llegamos a rechazaros a nosotros mismos.


Señales de alerta:


Aunque “sentirse insuficiente” no constituye por sí mismo un “trastorno emocional”, es importante estar atentos a la forma en cómo nos sentimos y buscar ayuda profesional antes de caer en situaciones riesgosas para la salud emocional.


Existen varios cambios en lo cotidiano que pueden ser resultado de esta impresión de “no sentirme suficiente”:


1. Síntomas emocionales:

· Aburrición.- Perder el interés, no tener ganas de hacer las cosas, no lograr disfrutarlas

· Procrastinación.- No hacer las cosas, dejarlas constantemente para después

· Auto descalificación.- Estar convencidos que no poder hacer algo, de no ser adecuados y por tanto dejar de intentar cosas que son importantes para nosotros, sentirnos incapaces y renunciar.

· Frustración, ansiedad, angustia.- Al dejar de lado nuestro propio proyecto de vida y no permitirnos ser nosotros mismos, se genera en nuestro interior una insatisfacción creciente que puede convertirse en una sensación de fracaso y llevar a la frustración. En la medida en que la frustración crece se torna en ansiedad o angustia que son sentimientos precursores de otros síntomas emocionales y físicos.


2. Síntomas físicos: estrés y sus manifestaciones en el cuerpo

Al ser una unidad: cuerpo y mente, toda situación emocional se refleja en nuestro cuerpo y en ocasiones trae alteraciones en nuestro bienestar físico. La angustia y ansiedad, nos pone en un estado de alerta, que detona el estrés. El estrés es una señal de nuestra mente a nuestro cuerpo que advierte sobre un peligro sentido y por tanto nos prepara para: la lucha o la huída.


Las manifestaciones en nosotros son diversas, las más frecuentes son: intranquilidad, insomnio, tensión muscular comúnmente en cuello, espalda, brazos y piernas.


En otros niveles pueden presentarse ataques de ansiedad o ataques de pánico caracterizado por un miedo intenso que incluye sensación de dificultad para respirar, aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, frío, entre otros.


Cambios en nuestra relaciones sociales


· Preocupación por el “qué dirán”.- Enfocarse en el “deber ser”, en las expectativas de los demás, en la opinión de personas propias o ajenas o bien tomar lo que suponemos piensan otros como justificación para no darnos un espacio a lo que deseamos.


· Aislamiento.- Evitar ver a otras personas, encerrarnos en nosotros mismos y dejar de lado espacios de convivencia


· Aceptación de relaciones interpersonales abusivas.- Para conservar la aceptación de otras personas, nos comportamos de manera excesivamente complaciente. Poco a poco nos “sometemos” al deseo de los otros y perdemos de vista nuestros propios proyectos, renunciamos a nuestras aspiraciones y hasta a nuestro bienestar.


Al dejar de ver por nosotros mismos y perder de vista el rumbo trazado, nos confundimos, y vamos aceptando cada vez más situaciones de injusticia y hasta abuso de otras personas, en particular pareja o familiares.


¿Cómo superarlo?


Como sucede en prácticamente cualquier ámbito, para poder superar un problema o modificar una situación, lo primero que necesitamos es comprender de dónde viene, por qué lo sentimos y desde ahí analizar lo que podemos hacer con ello.


Cada persona es única e irrepetible y cada quien necesitará profundizar en sí misma, sus experiencias, sus proyectos de vida, su sentir, para, a partir de sí misma, asumirse y elegir el camino a seguir.


El psicoanálisis constituye una vía idónea para sumergirse en uno mismo, tomar en las manos la propia vida y construirnos a nosotros mismos.




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