• Clara López

Transferencia en psicoanálisis

La transferencia es un componente presente en cualquier psicoanálisis por medio del cual se trabajan algunas de las vivencias o experiencias que se encuentran ancladas en lo inconsciente. Al igual que en una transferencia bancaria, en psicoanálisis la transferencia consiste en hacer un depósito de algo propio en el analista.


¿Qué se transfiere? Para poder entenderlo es necesario explicar primero cómo nos vinculamos con otras personas, con ideales o incluso con objetos. Además, también hay que revisar cómo se procesa el material inconsciente al momento de salir a la conciencia.


Vínculos y lazos


En cualquiera de nuestras relaciones, lo que hace posible que se forme un vínculo con es la llamada investidura libidinal, esto es, depositar libido en alguien o en algo. Como ya hemos explicado en nuestro artículos de “Depresión” y “Duelos y pérdidas” la libido no es sinónimo de sexualidad, sino que se refiere a un quantum de afecto o energía ligada a determinada pulsión que permite formar lazos con el entorno.


El psicoanálisis también implica un lazo investido con libido, al igual que sucede en cualquier otra relación interpersonal. Su propósito, sin embargo, es crear una afectación o movimiento en la psique del paciente para lograr la meta del análisis. Para tener éxito, el analista debe mantenerse en una posición pasiva y distante, centrándose principalmente en el paciente.


Recuerdos y remembranzas


Como mencionamos al principio, la transferencia tiene una estrecha relación con el material de nuestra psique. En su artículo Sobre la dinámica de la transferencia de 1912, Freud menciona que las vivencias de la infancia así como ciertas características de cada persona, determinan la ruta a seguir para satisfacer las pulsiones; esto es, en términos muy llanos, determinar cómo se forjarán las relaciones, cómo se alcanzará satisfacción o cómo se lidiará con los conflictos en el futuro.


Expliquemos lo anterior. Digamos, por ejemplo, que cuando un niño le duele el estómago, sus padres, o las personas que cuidan de él, le dan un té de manzanilla y lo ponen a escuchar música clásica. El niño aprende que el dolor se resuelve mediante el té y la música. Al crecer, cuando tenga cualquier malestar, instantáneamente buscará resolverlo de la misma forma que cuando era niño, independientemente de si ahora la música y el té le proporcionan alivio o no.


Estas determinaciones o aprendizajes forman ciertos caminos, o grabados, en nuestra psique que se repetirán a lo largo de la vida, algunos desde la parte consciente y otros desde la parte inconsciente. Es como un río que forma determinadas cuencas, ya sea sobre la superficie o bajo tierra, para llegar a desembocar al mar.


Volviendo al ejemplo del té de manzanilla, el propósito principal es eliminar un dolor físico y el té de manzanilla es la vía para lograrlo. Sin embargo, en muchas ocasiones un té no será la solución y, entonces, permanecerá el dolor “¿cómo es posible que me siga sintiendo mal si ya tomé té de manzanilla y escuché música clásica?”. Al igual que en el ejemplo, la forma en que resolvemos una necesidad puede no ser la adecuada y por ello es necesario hacer una reelaboración del material psíquico.


El ejemplo es una forma sencilla de explicar una parte del funcionamiento de la psique. En la realidad es mucho más complejo, especialmente porque hay muchas vivencias, pensamientos o fantasías que permanecen inconscientes, produciendo efectos que no logramos entender. Si el malestar físico es parte de nuestro inconsciente, lo único que tenemos cociente es la necesidad de tomar té de manzanilla y escuchar música clásica sin saber qué buscamos lograr con ello o si se está resolviendo.


Durante un proceso psicoanalítico, se remueve lo almacenado en lo inconsciente y ello provoca que mociones libidinales inconscientes, o vivencias pasadas, vayan alcanzando la superficie de la conciencia. En su camino, sin embargo, se topan con una serie de barreras, como la represión y la resistencia, y, en lugar de alcanzar la conciencia como un recuerdo, se actúan, es decir se repiten.


Entre mayor sea la renuencia de que recuerdos o vivencias del pasado alcancen la conciencia, ya sea por la dificultad de sobrellevarlos, ya sea porque son amenazantes o motivo de vergüenza, o sea por cualquier otra razón, mayor será la tendencia a repetir en lugar de recordar.

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