• Lourdes Sanz Moguel

¿La pandemia por COVID-19 sigue vigente? ¿Aún nos afecta?


Iniciamos 2022 y la pandemia de COVID-19, en sus múltiples variantes, permanece presente a nivel mundial, con cifras en incremento, diferentes en cada país de acuerdo al manejo que se hace de las pruebas e información pública.


En México algunas personas parecen vivirlo como un elemento cotidiano “ya nos acostumbramos”, otras optan por desmentir el daño o consecuencias, incluso su existencia misma, algunas retoman actividades con precauciones, cuidado personal y restricción de la vida social; y unas más continúan casi en total aislamiento, temerosas.


¿Cómo y por qué afecta la salud psíquica el COVID-19?


Si pudiésemos clasificar las afectaciones, habría que decir que en primera instancia se encuentran las consecuencias inmediatas de la pandemia, en dos importantes aspectos de la vida el de la salud y el de la economía:

  • La salud física de las personas, la enfermedad y sus secuelas, el pronóstico de superación de las mismas;

  • La muerte de personas amadas aunado al dolor de no poder acompañarles en vida y la restricción y problemas que se presentan para los funerales.

  • La vida económica, la fragilidad en el empleo, la reducción de horas de trabajo,

  • El trabajo desde casa en donde se borra el límite entre lo laboral y lo personal generando un desgaste físico adicional;

  • El desempleo y un panorama incierto para la obtención de un nuevo empleo;

  • Cierre temporal o definitivo de empresas y negocios

  • El cierre temporal de escuelas, empresas de servicio, centros de esparcimiento y recreativos, industrias del turismo y del entretenimiento;

  • Las restricciones del gasto público y servicios de salud para la población

En segunda instancia, y de manera adicional a lo anterior, se encuentran las afectaciones directas en la salud mental y emocional, derivadas de los cambios en la vida cotidiana necesarios para enfrentar la pandemia:

  • La restricción a la convivencia social;

  • El confinamiento y con éste, el sentimiento de pérdida de libertad;

  • El trabajo desde casa que también desde lo familiar entremezcla los espacios y problemas;

  • La soledad, paradójicamente aunada a la falta de privacidad; el miedo, la incertidumbre.

  • La frustración transformada en ira, acumulada que deriva en situaciones de agresión o hasta de violencia entre los miembros del hogar.

Independientemente de la posición que asuma cada persona, la afectación anímica es universal, todos lo experimentamos de una u otra manera porque, en realidad, lo que enfrentamos es una situación caótica que rompe con todas las certezas, costumbres, rutinas y formas de vida y nos arroja a un estado de indefensión, vulnerabilidad, impotencia e incertidumbre. La pandemia nos enfrenta a la pérdida de lo cotidiano, de lo amado, o los amados.


En su obra El Malestar en la Cultura, Freud explica cómo a partir de la fragilidad de las personas en lo individual, nacen los diversos grupos sociales: la familia, la comunidad y la vida en sociedad misma, que sienta las condiciones para la resolución de problemas de manera conjunta y el desarrollo tanto individual como social de todos en conjunto y de cada persona en lo individual.


Desde temprana edad la persona se encuentra inmersa en la cultura, las costumbres, tradiciones y enseñanzas que sostienen su desarrollo personal. De igual manera, individualmente se asume una postura y se elige un camino propio que da espacio a la emergencia y manifestación de la subjetividad de cada persona, pero ¿qué pasa cuando la manera normal de vivir se ve amenazada y no se entiende bien cómo vivir de otra forma, cómo enfrentar una nueva situación y cuál será ésta?


Más allá de las posturas ideológicas, políticas o económicas de cada persona, la pandemia tiene un impacto importante en la vida anímica de todos los seres humanos porque cimbra los cimientos mismos de la vida cotidiana y abre cuestionamientos profundos en ella.


El primero y más importante de estos es, como decíamos, el enfrentar las pérdidas, la vulnerabilidad propia y la sensación de duda e impotencia aparejada.

Cada sujeto vive de manera distinta el enfrentamiento a su propia fragilidad y la de sus seres queridos, cada persona es responsable de la forma en como lo asume y lo que decide hacer con ello.


La presente reflexión no pretende dar una respuesta sino abrir la pregunta sobre la forma en cómo vivo la nueva situación de vida y que tanto asumo la responsabilidad de mí, así como de las decisiones que tomo, tanto frente a mi propia persona como en relación a las personas más cercanas a mí igualmente qué tanto le doy espacio a los demás, abriéndome a escuchar y entender sus perspectivas.