• Lourdes Sanz Moguel

De la mano de Freud y de Lacan para descubrir lo que sé de mí, pero ignoraba que sabía

Los sentimientos y emociones son aquello que hace la vida memorable, a la vez que provocan grandes tropiezos que nos lastiman o lastiman a otras personas importantes para nosotros.


No existen recetas para vivir la vida, no existen píldoras que aseguren que no nos dolerá alguna pérdida, ejercicios que aseguren el éxito en una relación interpersonal o trucos que borren las heridas que nos han marcado. Cada persona es diferente, única e irrepetible, por lo que una solución estandarizada acaba fracasando total o parcialmente, más tarde o más temprano.


Cuando hablamos de psicoanálisis hablamos de una forma individual de aproximación a la dimensión emocional y psicológica de cada persona, esta metodología fue creada y propuesta por Sigmund Freud a partir de una serie de descubrimientos que revolucionaron la concepción de salud emocional.


Algunos años después, otros psicoanalistas integraron sus visiones y experiencias al cuerpo de conocimiento del psicoanálisis. Entre ellos, destaca el francés Jaques Lacan, cuya aproximación parte de la profundización de los descubrimientos de Freud, más que en adiciones o sustracciones al método y descubrimientos freudianos.


Lo inconsciente


Quizá el más importante descubrimiento de Freud fue la dimensión inconsciente de nuestra psique. Es decir, aquella parte nuestra que nos conforma y de la que no tenemos consciencia, no sabemos que está ahí y sin embargo afecta la forma en cómo nos sentimos, en cómo actuamos y en todas nuestras elecciones y decisiones.


En nuestro inconsciente habitan sensaciones, sentimientos, emociones, temores, deseos, expectativas, todo aquello que experimentamos, aún en etapas muy tempranas de nuestra vida.


El inconsciente, explica Freud, es dinámico, está en movimiento y se encuentra organizado como un lenguaje. En lo inconsciente tampoco pasa el tiempo ni permea el raciocinio. Lo inconsciente, actúa desde nuestro interior como una fuerza que impulsa nuestras motivaciones y acciones, sin que tengamos

consciencia de ello.


¿Cómo acceder a lo inconsciente?


Freud creó el método psicoanalítico que permite acceder a lo inconsciente, precisamente por su estructuración como lenguaje.


A través de su experiencia, Freud encontró que lo inconsciente se manifiesta a través de los sueños, los deslices del lenguaje, los actos fallidos, las equivocaciones cotidianas.


En el análisis de estas manifestaciones Freud descubrió dos mecanismos inconscientes que dan luz de cómo acceder al mismo: el desplazamiento y la condensación.


El desplazamiento es el proceso por el cuál “se desplaza” la carga afectiva de algo que percibimos como peligroso a algo que sentimos que no lo es. La condensación es el proceso mediante el cuál una única representación concentra elementos de

muchas otras.


La comprensión de estos mecanismos nos da la clave para reinterpretar lo que el analizante lleva al consultorio y seguir la pista al material inconsciente que está generando el malestar.


Enseñanzas de Lacan respecto a lo inconsciente


Son muchas las aportaciones de Lacan al cuerpo de conocimientos del psicoanálisis y a la técnica psicoanalítica en sí, sin embargo, para efectos de este artículo, me limitaré a solamente una de ellas en relación al acceso de lo inconsciente.


Lacan, profundizando en las aportaciones de Freud sobre lo inconsciente, enseña que ese lenguaje que es lo inconsciente, contiene un saber, un conocimiento pleno de la persona en sí, y coincide en que está organizado, enfatizando que tiene una lógica y un orden, y que, como lenguaje, se rige por las figuras de la metáfora y la metonimia.


La metáfora, es una figura retórica, consiste en expresar una palabra o frase con un significado distinto al convencional aplicándolo a otro que de alguna manera tiene una relación de semejanza o analogía, por ejemplo, cuando decimos: “me cayó el veinte”.


La metonimia que es cuando se desplaza el significado de un significante (palabra) a otro, por ejemplo, cuando decimos: bebimos un “rioja”. Estas figuras de la lingüística enriquecen los conceptos de desplazamiento y condensación

utilizados por Freud.


Adicionalmente, Lacan reformula los conceptos en relación con los significantes y los significados e incluso va más allá al ubicarlos en toda una cadena de significantes.


Tomemos un ejemplo de la metonimia, que es el mecanismo más básico, para clarificar cómo se ligan significados, significantes, cadena significante.

Una persona fue abusada por un pariente, a cuyo cargo estaba, en una etapa muy temprana y desarrollo pánico y odio, pero no puede hacer consciente ese sentimiento y entonces odia el olor de la colonia que ese pariente utiliza; desplaza su odio del pariente al perfume.


Al vincular con significantes y significados en la cadena podemos descubrir más elementos: En este ejemplo lo que el pariente significa para la persona significado, se desplaza al perfume significante, en la cadena significante.


Al paso del tiempo, en el proceso analítico quizá encontraríamos una persona que no puede soportar ningún tipo de perfume o aromatizante.


Significación - Metáfora


Para Lacan la relación entre un significante y un significado hace posible la significación, y para ello tanto la metonimia como la metáfora son indispensables.


La significación, como tal, es metonímica, cuando no reside en un significante solamente sino en el juego entre significantes, en una cadena. Esto la hace relativa e inestable.


Por otra parte, cuando el paso del significante al significado es directo, estaríamos hablando de una significación metafórica. Así pues, la metáfora, -cuando el significante contiene en sí múltiples significados-, supone la condición de la significación.


A partir de este análisis, Lacan propone una metáfora fundamental – fundante- que provee la posibilidad de toda significación la metáfora paterna, una de sus aportaciones más importantes, base de la comprensión de la formación y funcionamiento de la estructura psíquica.