• Lourdes Sanz Moguel

¿Con quién me identifico?

A lo largo de nuestra vida solemos referirnos a personas con las cuales decimos que nos identificamos. Este proceso de identificación suele vivirse como resultado de alguno de estas dos situaciones: la primera es cuando admiramos a alguien, sus conocimientos, su experiencia, su carisma; la segunda cuando descubrimos algunas coincidencias entre nosotros mismos y otra persona.


La primera de estas situaciones suele ser muy común durante la infancia y la adolescencia, sin embargo permanece a lo largo de toda nuestra vida. Al admirar a cierta persona, le tomamos como “modelo” para nuestra propia vida, o alguna parte de la misma, y buscamos por tanto aprender de la experiencia de esa persona, sus habilidades y conocimientos, la forma en cómo se maneja en distintas situaciones, etc.

La segunda situación, que ocurre cuando encontramos parecido entre nosotros y otra persona, tiene que ver más con un sentimiento de afinidad: “yo sé lo que se siente” “a mí también me pasa eso” a partir de lo cual surge un sentimiento de empatía, le comprendemos y nos hermanamos con esa persona, nos solidarizamos con su situación.


El concepto de identificación también tiene otras acepciones, en el lenguaje común se emplea cuando se logra encontrar, o “identificar” algo que se buscaba y a partir de ello se puede tomar una decisión al respecto.


Pongamos algunos ejemplos: al saborear un determinado platillo se pueden “identificar” los condimentos que contiene y proceder a preparar un platillo semejante. En el ámbito de la investigación juega un papel muy importante, por ejemplo un químico logra “identificar” los componentes de una fórmula química, las reacciones y efectos que producen, y a partir de ello podrá mejorar tal fórmula o encontrar sus aplicaciones.


Pongamos un tercer ejemplo, cuando nos enfrentamos a una situación problemática, es importante “identificar” los factores que condujeron a la misma, los elementos que están involucrados en ésta, y solamente  a partir haber podido encontrar tales elementos se puede proceder a delinear alternativas de solución al mencionado problema.


Revisemos, finalmente algunas posturas de la sociología y la psicología. En estas disciplinas, el concepto de “identificación” está asociado con su raíz “identidad”, en este sentido se dice que la identidad o identificación, es aquello a través de lo cual una persona conciben  una imagen consistente de sí misma, basada en su conducta, creencias e historia.


En síntesis podemos decir que la identificación tiene que ver con ser yo mismo, con encontrar elementos que estamos buscando para ello, y que estos elementos tienen que ver con otras personas a quienes admiramos o quienes poseen cualidades que nosotros deseamos tener también.


¿Qué dice el psicoanálisis?


En la constitución de nuestra subjetividad psíquica intervienen muchos factores, como por ejemplo lo que nuestros padres esperan de nosotros, en primer lugar, pero también lo que aprendemos de otras personas con quienes nos relacionamos y que son importantes o significativos para nosotros porque de ellos recibimos cuidado, formación, educación, limitación, autoridad, etc. 


Freud explica cómo cada individuo es en sí mismo como una pequeña sociedad, dado que siempre está referido a alguien más, a otro.  Otra persona, diferente de nosotros mismos, es desde donde iniciamos y emprendemos nuestra vida dado que desde el momento del nacimiento el ser humano depende de otros. Todo aquello que sabemos, que hacemos, que somos, nos fue enseñado por alguien más. En este sentido, Freud nos enseña que el propio ser, el ser yo mismo, solamente es posible a través de la relación con otras personas, en particular aquellas que han sido significativas en nuestra vida. Aquello que nos enlaza con estas otras personas significativas, el vínculo con ellas es la “identificación”.


La primera forma de identificación.


Explicábamos que la identificación tiene que ver con los vínculos que establecemos con las primeras personas significativas con quienes nos relacionamos, particularmente durante la primera infancia, sean nuestros padres, familia o quienes nos cuidan.


Un pequeñito no está consciente o tiene la intención realmente de hacer tal o cual cosa para relacionarse con los demás. En realidad, lo que ocurre es que poco a poco se va construyendo una primera diferenciación entre aquello que es el bebé, su yo, y aquello que es alguien o algo más, es decir externo al niño.


Una vez que el chiquillo se percata de que hay una diferencia, entre lo que él es y lo que está fuera de él, comienza realmente la construcción de un “yo mismo” y la posibilidad de relacionarse con otro. La construcción del yo mismo inicia con la construcción de lo que Lacan llama moi y que podríamos traducir como .

El moi se refiere a una postura más bien pasiva, de recepción.  Digamos que es como si el bebe se concentrara solamente en recibir lo que viene desde fuera. Una postura desde la cual recibe lo que los otros dan: cariño, cuidado, y en particular el lenguaje.  Vale la pena recordar que el lenguaje, en su concepción más amplia, es lo que ofrecerá al pequeño explicaciones que le permitan comprenderse a si mismo, pues, todo ser humano, carece de instintos.

Lo que el pequeño recibe provoca una serie de vivencias y sentimientos de satisfacción, placer, displacer, etc. que irá registrando. Con base en lo que el bebé “recibe” de los demás, y lo que vive y siente cuando lo recibe, aprende a actuar. A partir de este momento podríamos afirmar que inicia la construcción del “yo” en su concepción activa. El bebé entonces toma la iniciativa, lleva a cabo acciones tales como: hacer ruidos, llorar, sonreír, reír, moverse, etc. Estos comportamientos le permitan obtener una respuesta de las personas que le son significativas.


El bebé buscará la aprobación de sus padres y familiares, también su atención y sus cuidados. Sus acciones, cuando resultan exitosas, le permitirán evitar sentir displacer y a cambio sus  experiencias y sentimientos serán placenteras y obtendrá satisfacción.  


Identificación primaria como punto de partida


Hemos explicado el proceso mediante el cual se lleva a cabo la identificación primaria, sin embargo es importante aclarar cómo este proceso de identificación se convierte en el origen de la búsqueda de identificaciones que fortalezcan nuestra subjetividad.


Para entenderlo mejor retomemos la enseñanza de Lacan en el sentido de que toda demanda es una demanda de amor. Esta afirmación se refiere a que la satisfacción de las necesidades fisiológicas del pequeño no bastan. Si bien el bebé requiere de ellos los cuidados de sus padres y familiares, resulta fundamental el cariño asociado a los satisfactores recibidos.


El niño busca la aprobación de estos otros significativos para él y por tanto, buscará detectar aquello que les agrada a ellos y reproducirlo, de forma que pueda sentirse aceptado y amado.  No obstante, no existe un satisfactor real para el amor, nunca puede darse u obtenerse “todo” el amor que se desea. El deseo de amor queda siempre insatisfecho y el sujeto buscará siempre formas diversas para acercarse lo más posible a tal satisfacción.

2 vistas

©2020 Psicoanálisis México