• Clara López

Cómo lidiar con el peso de las expectativas

Actualizado: 20 jul

¿Sientes que las otras personas tienen expectativas sobre ti, sobre qué deberías hacer o cómo deberías comportarte, que no se adapta a lo que tú quieres de ti mismx? ¿Te es difícil poder siquiera identificar qué es lo que tú querrías, separado de lo que imaginas se espera de ti? ¿Te sientes un fracaso o decepción si no cumples con esas demandas? Las expectativas de los demás sobre unx, sean progenitores, amigos, familiares, parejas o simplemente expectativas sociales, pueden ser aplastantes. Te invitamos a leer más para conocer de dónde proviene esa sensación y cómo lidiar con ella.



"Tú le das forma lo que me ocurre" el proceso con los bebés


Cuando somos bebés, sentimos dolor físico, malestar emocional y otras sensaciones variadas imposibles de comprender. No sabemos qué tenemos o qué nos ocurre, ni siquiera podemos distinguir si es agradable o desagradable, es simplemente una erupción inexplicable de sensaciones que se desbordan y generan angustia.


Empezamos a llorar y entonces llega nuestro cuidador primario a ofrecernos una explicación o una solución “Estás cansadx, vete a dormir”, “Lo que tienes es hambre”, “Estás emocionadx por tu cumpleaños”, “Estás triste porque extrañas a tus padres”, “Estás contentx porque hiciste un amigo nuevo en la escuela”, “Estás feliz por tu nueva mascota”.


Los padres o cuidadores primarios, sirven de intérpretes para transformar el caos interno en relativo orden y, de paso, aprendemos a lidiar con el mundo experior e incorporarnos a él. Esto es, lo que ellxs dicen sobre nosotros y nuestro sentir, nos permiten dar forma a nuestras sensaciones, desmenuzarlas y que dejen de desbordarse, dejen de ser angustiantes. En ese proceso, hacemos propio lo que alguien más dice de nosotrxs.



"El sentido de tu vida es..."


Dentro de esas explicaciones sobre qué sentimos, se forja también en sentido de la vida. Todxs nos preguntamos cuál es el propósito que tenemos, para qué estamos vivos, y lo hacemos desde muy pequeños.


Vivimos a nuestrxs cuidadores primarios como capaces de dar sentido al caos con una palabra, así que les atribuimos una sabiduría infinita. Yo no lo sé, pero segutro ellxs sí. En esta línea, asumimos que ellxs también conocen cuál es el sentido de nuestra vida. Se abre la pregunta "¿para qué me tuvieron? ¿qué es lo que esperan de mí?"


Muy rara vez un padre o una madre explícitamente dirá "yo te tuve para cumplir esto", pero no es necesario que ocurra, cuando somos niñxs, igual vamos construyendo esa respuesta con lo que observamos: "Ah, a mis mamás les gusta mucho cuando canto, seguro me tuvieron para dedicarme a la música", "Ah, mi papá y su papá y su abuelo han sido abogados, a mí me toca lo mismo". Incluso puede ser "mi papá y mi mamá están siempre enojados, seguramente fue algo que yo hice mal".


Por medio de la observación de personas importantes y eventos en etapas tempranas de nuestra vida, vamos formando la respuesta a qué imaginamos se quiere de nosotrxs, cuál es el sentido de nuestra vida. Eso que viene de afuera, se convierte en algo profundamente íntimo.



Lo que alguien (más) importante espera de mí


Conforme vamos creciendo, nos abrimos a nuevas experiencias y a nuevas personas. Estos encuentros tocan y moldean la respuesta a cuál es el sentido de nuestra vida y qué es lo que se espera de mí. Ya no solo están las expectativas de los padres o cuidadores primarios, sino también las de otras personas.


Ahora bien, no hacemos propias, ni nos sentimos obligados, por las expectativas de cualquier persona, sino las de personas que, para nosotrxs, tengan una importancia o posición particular. Usualmente son personas a quienes les observamos algo más: más conocimiento, más poder, más estatus, más felicidades, algo más que las convierte en admirables, alguien que queramos agradar.


Cumplir con esas expectativas, seguir ese mismo camino, se erige como la forma de acceder a ser amadx, ser feliz, ser reconocidx, ser exitoso, ser perteneciente. Cumplir las expectativas es importante porque lo vislumbramos como la forma (casi la única forma) de acceder a una buena vida.



"Lo que yo quiero" mis deseos egoístas


Nuestros anhelos y expectativas empiezan "siendo" de los otros, (yo espero de mí lo que el otro espera de mí), pero hay un punto donde esas construcciones que hemos hecho, tomando algunos elementos ajenos, ya se han vuelto propias. Así, se construye lo que nosotrxs queremos, diferenciado de lo que los demás esperan.


Tenemos anhelos personales, pero al mismo tiempo nos sentimos obligados a cumplir con las expectativas que (suponemos) otros tienen sobre nosotrxs, como si renunciar a esas expectativas o defraudarlas fuese a comprometer el sentido o propósito de nuestra vida.


En entornos socioculturales como el de México y América Latina, comunmente hay la sensación de tener deuda con la familia, especialmente con nuestra madre o padre, y vivir como egoísta, casi como traición, querer algo diferente a lo que ellxs quieren de nosotrxs. Tenemos una deuda de vida.


Aquí es donde puede emerger un fuerte conflicto: yo quiero algo opuesto a lo que otro quiere y eso es un gran conflicto. Contrario a lo que algunas frases de positividad pudieran plantear, enunciar y sostener lo que unx quiere es muy complicado, justamente por todas las construcciones psíquicas que hay alrededor del tema.


Entonces ¿estamos condenados a seguir lo que los demás esperan de nosotros? Absolutamente no. ¿Es posible seguir un camino propio y que realmente queramos? Claro que sí. ¿Cómo? Por medio de hacerse cargo de unx mismo y sus anhelos al resignificar la relación y el lugar que ocupan los otros importantes en nuestra psique. Para lograrlo, no obstante, de nada sirve la razón, ni tampoco la fuerza de voluntad ni el pensar “ahora haré lo que yo quiero”; se requiere de un psicoanálisis donde se vayan desmenuzando y reacomodando los lazos y nudos psíquicos tejidos a su alrededor.



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